EL OBSERVADOR CORPORAL

Autora. Marilin Mordeglia
Todos somos observadores en la vida, y un tipo particular de observador. Vamos por el mundo y desde ese observador que vamos siendo, actuamos, pensamos, sentimos, nos movemos, nos emocionamos, nos relacionamos, adoptamos ciertas posturas, ciertos gestos y otros no. Desde allí miramos, explicamos, e interpretamos el mundo. Al accionar, se producen ciertos resultados, deseados o no. Finalmente decimos “conseguí lo que quería”, “llegue al final de lo que tanto espere”, “estoy conforme con los resultados”, “no estoy de acuerdo con lo que logre”, esperaba mucho mas de mi” o “no me gusta como finalmente salió”. Entonces lo que hacemos habitualmente ponemos la atención en la acción.
Ahora bien si solo revisamos la acción, podremos cambiar el modo, y hacerlo un poco mejor, hacer más, o menos, con más dedicación o menos esfuerzo, corregir las acciones, pero siempre en el mismo rango de posibilidades que ese Observador nos permite Ser en ese momento. Por lo tanto siguen siendo las mismas acciones. Lo que sucede es que raramente nos cuestionamos acerca del Observador. Invito a hacerte esta pregunta: ¿Qué clase de Observador soy, que clase de observador estoy siendo?.
Cuando hablamos del Observador estamos haciendo referencia a los 3 dominios que lo constituyen y que funcionan juntos. El dominio del Lenguaje, la formas de explicar y contar lo que vemos o no vemos en el mundo. El dominio emocional, lo que nos pasa va a ser muy diferente de acuerdo a como nos sintamos, en qué estado de ánimo estemos. Y el dominio del Cuerpo, el cual sin él no sería posible el tránsito por la tierra, y a pesar de esto por muchas razones entre de ellas culturales lo hemos olvidado.
Considero que en muchos se ha olvidado el cuerpo como parte del observador que somos. Por lo tanto queremos generar algo distinto pero en el dominio corporal seguimos haciendo lo mismo, estando en la misma postura, en el mismo ritmo, en la misma forma de estar sentados o parados, en el mismo ritmo de hablar de escuchar, y de pensar, entre otras cosas. Y ¿saben qué? Va a durar muy poco el cambio aprendido, sino no hay realmente una transformación que atraviese al cuerpo también.
También quiere compartirte qu no somos solamente las conversaciones que tenemos, las emociones que nos van atravesando, y un cuerpo que habitamos sino que tambien somos SERES ESPIRITUALES. Somos espirituales viviendo una experiencia humana y no humanos con conexión espiritual. Al menos esta es la forma de verlo, no es la verdad, solo te comparto una posibilidad, ¿Como lo vivís vos?

El lenguaje del cuerpo
Somos cuerpo. Somos con él y desde él. Sin él nada es posible. Con esta declaración, sostenemos que el cuerpo habla, que tiene un lenguaje propio, que comunica. Veámoslo en lo cotidiano: las ideas no se ven, los sentimientos no se ven, las creencias no se ven, pero el cuerpo si se ve y en él aparecen todas las esferas de influencia de la persona. Es a través del cambio del cuerpo que podemos modificar emociones, estados de ánimo, criterios, creencias, y vínculos tanto con nosotros como con los otros.
El Cuerpo nos constituye en la persona que somos. Y también el otro nos reconoce por tener un cuerpo determinado, no sólo permite identificarnos sino que le habla de nosotros, es decir constituimos una determinada identidad.
Nuestra piel y la memoria que guardaEl interior de nuestro cuerpo nos resulta invisible. Aparte de algunas nociones anatómicas y médicas, la mayoría desconocen su funcionamiento y las integraciones de sus diferentes sistemas. Se dice que el gran misterio de nuestro interior está contenido en una envoltura, la piel, que es como la muralla protectora de una ciudad, una barrera contra las agresiones del exterior. La piel protege nuestra vida. Cualquier rotura de esta muralla nos pone en peligro. Más allá que lo visible se recupere, no hay ninguna cicatriz que sea superficial. Existe una memoria que se manifiesta en profundidad en nuestro cuerpo. Todo queda grabado en nuestro interior, detalle con detalle, seamos concientes o no de ello, las células siempre lo almacenan.
Muchas veces no nos damos cuenta de lo que decimos con nuestros cuerpos. Aprendemos discursos, creamos imágenes corporales mostrar, máscaras para ocultarnos. Usamos todo tipo de accesorios y distinciones que se contradicen con nuestra corporalidad natural. Invito a recordar que el cuerpo grita mucho más fuerte que las palabras. Nuestra historia está escrita en él. El cuerpo que somos es el resultado de cómo hemos vivido desde que hemos nacido hasta hoy.
Podemos hablar de una coherencia de dominios. Por lo tanto, existe una profunda relación entre lo que nos sucede a nivel físico y lo que pasa por nuestra mente y emociones. Ambas están estrechamente conjugadas y nos podrían abrir un mundo de posibilidades para sanar las heridas que llevamos dentro. Todo el cuerpo y cada una de las partes tienen relación, desarrollan su propia comunicación, sea entre los órganos, los sistemas, los flujos e intercambios que hacen a los circuitos necesarios para que la vida sea posible.
Cada ser humano es diferente de otro y su cuerpo también lo es. El cuerpo dice cuando podemos interpretar su lenguaje. Se ve todo, obviamente si la persona que lo mira tiene las distinciones para hacerlo o también el entrenamiento para reinterpretar algún símbolo, o síntoma del cuerpo. Es por eso que considero importante comenzar con la primera diferenciación, entre lo que vamos a llamar cuerpo conciente y cuerpo inconsciente.
El lenguaje del cuerpo
En sentido amplio, un lenguaje es un medio de expresión y comunicación conformado por un conjunto de signos y reglas. Los seres humanos contamos principalmente con dos formas donde nos manifestamos: el verbal (conciente) y el corporal (más inconciente). Ambos poseen su propia estructura y elementos constitutivos. Mientras el instrumento esencial del lenguaje verbal es la palabra, el corporal se vale de la calidad y el estilo de los movimientos del cuerpo, las formas de tacto y contacto, los gestos y las actitudes corporales, la forma en que se utiliza el espacio personal e interpersonal, las expresiones faciales, el tono de voz, la secuencia, el ritmo y la cadencia de las palabras mismas, el contacto ocular, el tono muscular, las emociones, las sensaciones y los síntomas somáticos.
Básicamente la diferencia es que en el conciente es todo lo que observamos desde afuera, se ve y puedo preguntar acerca de eso. En el inconciente, es navegar más profundo y poder escuchar al cuerpo, interpretando a través de sus símbolos lo que de alguna manera expresa. De este modo comunicamos con el cuerpo, nuestra interioridad hacia el mundo exterior, tanto de lo que somos concientes como de lo que no.Cuerpo Conciente-Inteligencia intelectual-Distinciones en el lenguaje-La lógica y la razón-El mundo del pensamiento.- Lenguaje verbal.-Movimientos voluntarios.- Forma física, peso, altura, volumen.-Destreza a través del cuerpo.-Inteligencia y gestión emocional-Imagen social-Higiene de nuestro cuerpo.-Forma en que nos alimentamos.-El tipo de medicina-Accesorios que utilizamos.

Cuerpo Inconsciente -Movimientos Involuntario.-Postura.-Tono neuromuscular.- Ritmos.-Vitalidad.-Estado Animo.- Voz.-Mirada.-Sensibilidad.-Gestos.-La disposición a moverse.-Sentimientos-Emociones-Energia

El cuerpo, espacio para cambiar, puerta de acceso para intervenir
A través del Coaching Corporal, es posible unificar estos dos canales. Gracias al desarrollo del darse cuenta, sensibilidad y espiritualidad, se intentara transformar lo inconciente a un estado de conciencia. Observar, conocer, tomar conciencia, y luego tener la posibilidad de diseñar a través del cuerpo también.
El coaching ontológico mira integralmente el fenómeno del Ser, sea tanto del lado del lenguaje, con la intervención a través de las conversaciones, como también desde las emociones o del lado de la corporalidad. Desde el Coaching Corporal, la centralidad en la corporalidad está en que existe una biología que sostiene todo lo que son las conductas, los pensamientos, los sueños y las emociones. Para esta disciplina es necesario desarrollar una mirada profunda sobre el cuerpo con el conocimiento que ello implica.
Si desarrollamos un Observador competente podemos intervenir en otro tipo de conversaciones no lingüísticas, como son las corporales, gestuales, y posturales. Muchas veces, los gestos que hacemos y posturas que mostramos son las señales que quedaron en el cuerpo de las conversaciones lingüísticas y emocionales que hemos sostenido durante el tiempo de nuestro vivir.
Tus hábitos lo marcanLa importancia de hacer concientes estos hábitos, es porque terminan actuando como anclajes de nuestras sombras y de nuestras particulares coherencias, y hasta pueden convertirse en dolores físicos o malas posturas que reducen nuestra calidad de bienestar al habitar el cuerpo.
Cuando el cuerpo está anclado en una postura, ésta funciona como un molde fijo, con un tono que predomina. Todos tenemos un tono neuro-muscular propio que se llama base, y este se puede categorizar en un tono (bajo, alto, medio) que varía en relación a distintas energías por explicarlo de alguna manera, tonos más activos y enérgicos, otros más denso, pesado o lento.
De acuerdo a lo que necesitemos hacer, vamos a requerir tener el cuerpo más disponible en resonancia con un tono propio. Pero cuando nos manejamos en un solo tono neuro-muscular fijo, no nos es posible modificar otros aspectos o dominios más sutiles como son nuestro lenguaje y nuestras conversaciones. Esto se debe a la coherencia sistémica de nuestro sistema nervioso que actúa con sentido de unidad. Si este cambio ocurre es porque las interacciones son en ambas direcciones, y nos es posible llevar a cabo desde ese tono que necesitamos, las acciones que deseamos hacer.
Como nos conversamosAprender a sostener, nuestras conversaciones colaboran sin duda a nuestros deseos de cambio, mutación; transformación. Debemos tomar conciencia que toda conversación es un encadenamiento neuronal y el cuerpo, un depósito de ese conversar, y emocionar. Si queremos gestionar tal cambio, se necesita diseñar desde donde vamos a conversar con el propósito definido, como vamos a direccionar nuestro conversar con la intención clarificada, y todo esto acompañado de nuestra gestión emocional y corporal.
El conversar lo hacemos desde el cuerpo que somos como parte integrante del observador que puede estar siendo conciente o no conciente. Y tampoco alcanzan para sostener el cambio sistémico prolongado. El cuerpo que somos es también una construcción no conciente, y es un hábito de la manera en que lo movemos, la cuidamos, lo usamos. Sólo lo podemos modificar si ampliamos el observador corporal con la misma precisión que se le dedica al lingüístico, incorporando nuevas distinciones que amplíen la conciencia de nuestro ser cuerpo.
Resumiendo, desarrollar la conciencia del cuerpo es como desarrollar la conciencia en el lenguaje. Somos como hablamos y hablamos como somos. Somos cuerpo. El cuerpo que vamos siendo nos constituye frente a nosotros mismos y frente al mundo. Es un espacio declarativo que nos abre y cierra posibilidades de acción. Y para poder ejercer esa conciencia creamos un observador ontológico y lingüístico. Si llevamos esta distinción al dominio del cuerpo solo podemos crear estas distinciones en la experiencia de vivir el cuerpo en conciencia.
Tener distinciones del cuerpo nos permite ser un observador corporal, así como tener distinciones lingüísticas nos permite generar un observador lingüístico. Tanto el cuerpo como el lenguaje son creadores de Ser. Por lo tanto ambos dominios son ontológicos. El cuerpo le enseña a la mente y también las emociones nos hablan a través del cuerpo, las expresa y las muestra. VOS….¿Cómo elegís escuchar a tu cuerpo? ¿Qué tipo de Observador de tu propio cuerpo decidís comenzar a ser?
________©Derechos reservados de autor. Coach Ontocorporal:MarilinaMordeglia©_____

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